Hallazgo

Por el clima decidió portar falda en lugar de jeans, pero su blusa era discreta. Zapatillas bajas, pues el camino del estacionamiento hacia su salón de clases no era corto. Mesabanco frente al escritorio, no le gustaba otro lugar. El maestro llegó, sus compañeros entraron, todos con cara de cansancio o dolencia, no lo sabía, pero el calor se sentía con más fuerza. Inició la clase, todo normal, hasta ese momento. Yo digo que tiene 28, decía una de sus compañeras, qué va, tiene 30, decía otra, desconocían por completo la edad del profesor.

No se hablaban, no intercambiaban miradas, ni siquiera un saludo, pero entre sueños (húmedos todos) no tenía inhibiciones, siempre desnuda, siempre fácil, siempre para él. Su piel era blanca, llamativa, una quijada fuerte, la sombra de una barba recién afeitada, cabello oscuro, más de 1.80, todo su cuerpo era una invitación.

Sus piernas estaban cruzadas, sus manos yacían sobre la paleta del mesabanco, su rostro reflejaba suma atención, pero en realidad se encontraba perdida entre las piernas del hombre que estaba frente a ella. Su lengua recorriendo los testículos, sus manos acariciando los muslos, la saliva recorriendo un pene ansioso. Estaba caliente. Apretaba las piernas, le sudaban las manos. Cambió las piernas de posición, ahora la derecha se recargaba sobre la izquierda, pero el movimiento fue lento y Gustavo lo observó. Tartamudeó y eso nunca le había pasado. Se perdió en el tema, no supo que decir. Dejó salir a la clase temprano. Ella fue la última en salir con el pretexto de acomodar sus cuadernos en la bolsa. Él, impaciente sobre su escritorio, ocultaba una erección descomunal, le dolía. La imagen era exquisita, su alumna, la que veía de reojo, la hacía participar pero trataba de ignorarla,ella le había regalado una de las imágenes más eróticas; un pequeño triángulo, el monte de venus envuelto en encajes, una entrepierna gloriosa y prohibida. No lo soportaba, quería tenerla frente a él, apretarla, saborearla, sobar sus pechos, besar los labios, chupar y apretar las nalgas.
Hasta luego profe, y salió del salón.
Gustavo se incorporó, cerró la puerta con la mano temblorosa, sacó su miembro palpitante y se masturbó pensando en la joven.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s