Cinco

[…] La mujer duerme con la boca abierta y, si él le acerca una lámpara, puede admirar su lengua rosada. Le es imposible resistir entonces la tentación de llevar las manos a la otra lengua, la minúscula y tierna lengua o campana que reposa entre los otros labios, se ve a sí mismo tanteando las honduras de la medusa, apartando las matas húmedas, moviéndose a ciegas por ese campo en el que quisiera sembrar su escritura, su sed de tantos días. Le aparta las piernas sin destreza, eso se ve en la imagen y la acaricia, hunde la nariz y la lengua en aquel cuenco ardiente del que jamás se sacia, acaricia los pezones erectos y desconcertados en los que se dibujan papilas, mínimos cráteres, lunares recién creados por su tacto, y aunque la pantalla delata las desarmonías de su propio cuerpo flácido, no puede contener un suspiro de triunfo. Por fin ahora la mujer le pertenece por completo, la docilidad del cuerpo dormido es otra señal de su poder, podría hacer lo que quisiera con ella, y más de una vez ha sentido la tentación de tatuarla, de herirla, de inscribir en su carne alguna marca indeleble que indique cuántas veces él ha pasado por allí, cuántas veces podría volver si se le diera la gana para poder contemplara como lo que es:____________.

Página: 98

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s