Anda, castígame.

Anda, castígame.

Todas las noches es igual, culmino mis actividades del día, me deshago de los textiles que aprisionan mi cuerpo, intercambio una blusa y las caderas quedan libres.
Del lado derecho de la cama tengo un buró, dejé el libro que compré la semana pasada, “el libro rosa“, como lo nombré.
Cuando mi maestra me dijo: “Ya viste la película”, no tenía idea de lo que hablaba. Observé el libro, encendí mi laptop y busqué online la dichosa película que me había sido recomendada.
No me gustó, no se le acerca nada a la novela, y aquí viene: las películas no se comparan con los libros.
Pero no fue esa frase trillada la que usé con mi teacher cuando la vi, qué cree, ya vi la película y no me gustó, le dije.
Su rostro cambió, nos encontrábamos frente a mi compañera de clases. Mi amiga se fue, nos quedamos solas y comenzó a decirme lo que más le gustó del filme. Hablaba y hablaba, como si le hubiera formulado miles de preguntas.
Puedo decir que soy buena para detectar homosexuales, es un don que adquirí gracias a mi mejor amigo, que sin duda es gay y mi mejor amiga, que también lo es.
Este don me falló cuando me presentaron con mi hermosa maestra. Nos saludábamos entre pasillos, cuando supe que me daría clases, me gustó la idea.
Hablaba hasta por los codos, pero no me miraba a los ojos, sino a los labios.
Creí que sería divertido hacer la prueba, cerciorarme de que veía mi boca. Saqué la lengua, dio un paseo buscando mi labio inferior, mis dientes lo presionaron con fuerza y ella dejó de hablar.
Hizo una pausa, me sonrió y nos dirigimos en silencio hacia el salón. Qué nervios, pensé. Durante el transcurso de la clase, como las últimas sesiones, se sentó a mi lado, hacíamos comentarios por las exposiciones de mis compañeros, cuando daba alguna opinión, la discutía antes conmigo.
Llegó mi turno, expuse muy bien, di mi conclusión y cuando regresé a mi lugar me tomó del hombro y me susurró:
bien hecho, me gustó mucho, felicidades.
¿Cómo chingados me saco de la cabeza su sonrisa?, carajo. Me gusta, me encanta mi maestra. Está volviéndome loca la idea de plantarle un beso que la deje sin aliento. Apretarla en un abrazo. Soñé con su cuerpo por primera vez, y al despertar, sobé mis pechos, toqué mis pezones erectos, sonreía de complicidad con mis pensamientos.
Es respetuosa conmigo, nos hablamos de usted, no se ha propasado, pero somos coquetas. ¿Es suficiente?, ¿ya le puedo decir que la quiero conmigo?, que ya he imaginado sus manos sobre mi piel, sus labios junto a los míos, el sudor de nuestros cuerpos haciéndose uno por tanto deseo, recorrerla con mi lengua, la experiencia de su vida sobre mí.
En el libro describen cientos de encuentros sexuales. Quiero prestárselo, subrayar mi favorito, ahí el hombre golpea sus nalgas, por ser una niña mala.

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