Unas veces…otras veces

Córreme

Me harté de imaginar más encuentros. De utilizar memorias cuando mis dedos recorrían la pelvis y se detenían furtivamente entre mis muslos. De encontrarme con  fluidos al venirme y saber que no estabas ahí para abastecer tus labios delgados y delicados que tanto me gustan.
Sentirte dentro de mi era fascinante. Unas veces suave, otras veces salvaje. A veces cariñoso, a veces animal.
Cuando nuestras pieles se encontraban, cada una diferente, posicionándose como si se hubieran desarrollado para estar siempre una contra o encima de la otra, mi boca expulsaba los más sinceros suspiros.
Romántica, realista, cursi, patética, llámame como quieras, nunca me importó mucho. No necesité de grandes detalles, de grandes esfuerzos, quise creer que los pequeños detalles del día a día iban incrementando no sé qué cosa. Pudo ser amistad, cariño, compañía, atracción, de todo un poco tal vez, pero no lo etiquetamos como nada. Sabíamos que estábamos ahí, aunque nos envolviera el más profundo de los silencios y no existiera movimiento alguno más que el pecho de ambos inhalando y expulsando oxígeno, no me sentía sola.
No recuerdo con exactitud la última pelea, mucho menos la primera.
Te vi de espaldas hace unos días, caminabas de la mano con otra mujer. También me deslicé entre las sábanas de otro. Unas veces se parecía a ti, otras veces era un desconocido. Unas veces me hacía gemir, otras veces gemía sola.
Apreté los labios, los de arriba y los de abajo, para no correr hacia ti y vieras la cara de desvelo que me cargo.
Que si estoy bien, preguntaste hace poco, cómo voy a estar bien cuando nadie respira por mi espalda como lo hacías tú. Cómo voy a estar bien si nadie me prepara el café después de hacer el amor y lo lleva en silencio a la habitación. Cómo pretendes que te olvide si mis poros, uno a uno se fueron impregnando de tu aroma.
Qué juegos más ricos los nuestros, qué nalgadas más deliciosas me dieron tus manos, cuántas risitas al ver mis pechos con las marcas de tus dientes, pasaron tres alfombras por la habitación antes de saber cuál era la adecuada,y andando a gatas acudía a tu llamado. Ya no hay alfombra, ni desayunos al pie de la cama.
Vendrás esta noche, no quiero que leas lo débil que es mi carne cuando te pienso. Sin embargo voy a demostrarte cuánto te extrañé, porque si yo no lo quise decir, a ti te brotaron más de dos “te quiero”.
Estoy temblando, me estoy humedeciendo, cómo lo haremos hoy, cómo harás que te goce de nuevo.
Ya sé, te esperaré en mi sala, apagaré las luces y encenderé la lámpara de lectura. Portaré mi atuendo más sensual, cuando abras la puerta, estaré sentada en la mesa frente al sillón individual, te sentaré frente a mi, dejarás que tome el control porque ya sé que te pones duro cuando te manejo. Ordenaré que te toques mientras te muestro mis piernas.
Observaré cómo te masturbas y cuando estés por estallar, deslizaré mi boca por la punta de la verga, apretaré con fuerza. Estás por llegar, y estoy por correrme de solo pensarte, de recordar tu respiración acelerada y el rostro rojo de placer.
Ya no juguemos a estar separados, suelo echarte de menos.

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6 pensamientos en “Unas veces…otras veces

  1. Una vez me dijeron que “cuando se pierde a alguien estupendo es porque se va a encontrar a alguien todavía mejor”. Si no fuera porque el capullo que me dijo eso me estaba invitando a comer, lo hubiera mandado de paseo.

    Lo bueno que tienen las peleas son las reconciliaciones. Lo malo de las rupturas es ver las grietas que el tiempo no logra borrar.

    C’est la vie.

    Por ultimo: me encanta tu intensidad narrativa y expresiva.

    • Coincido en su totalidad, pero, también es cierto que por más que disfrutes de la otra persona, uno se cansa de esperar…de ser un segundo o tercer término en su vida y no prioridad.

      La intensidad resulta de experiencias, y aunque no han sido muchas, o con muchos…han sido de las mejores.
      Beso.

  2. Estoy de acuerdo. He sido tercero en discordia unas cuantas veces y sólo no me arrepiento de una de esas veces, de la última. La recuerdo con gran cariño.

    No hace falta tener miles de experiencias para tener intensidad narrativa y buenos recuerdos, sino simplemente grandes momentos.

    Besito.

  3. Cada vez que te leo es como leer el noventa por ciento de las palabras que no me atrevo a soltar, es sentir y rememorar tanto, como si supieras de una forma invisible y sobrenatural todo de mi. Me encanta tu blog, la forma en que escribes y la identificación que tengo con tus textos.
    Un afectuoso saludo, espero poder leer más.

    • Muchas gracias Sabina, me halagan tus palabras. Escribir es desahogar el alma que piensa aun cuando se duerme, y el hecho de saberse leído, mucho mas que se le disfruta, es un gozo sin precedentes.
      Un abrazo muy fuerte.

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