Anda, castígame (2)

Anda, castígame (2)

Han pasado casi dos semanas desde que mi compañera de clases me hizo un comentario que rondó por noches y días mi cabeza: a la profesora, le gustas. Sonreí tímidamente, algo que no se me da a menudo. No hice comentario alguno y dejé cualquier interpretación al aire.
Entonces surgieron las dudas, no me preocupó el hecho de que mi profesora tuviera alguna atracción hacia mi, sino que a mí no me molestaba, incluso me gustó la idea.
Recordé algunos eventos en particular; hubo días en los cuales nos quedamos pasadas las horas de clases charlando, compartimos sus ideas y las mías en torno a la materia, ella solía elogiar cualquier comentario mio ante la clase, ya estando a solas lo hacía con más frecuencia.
Mi interés hacia mis clases se nota. Pero la forma en la que ella se dirigía a mi durante clases para tomar alguna participación, era diferente a mis compañeros.
Tal vez es normal y por el comentario de Vicky estoy malinterpretando las cosas, pensé.
Dejé el asunto por unos días. Hubo una exhibición de libros usados en mi facultad y adquirí uno. Lo nombré El libro rosa.
Pasó entonces el episodio de la recomendación de la película, de ella hacia mi. Estuvimos de acuerdo en que los libros son mejores que los filmes.
No la vi durante dos días. Ayer, viernes, fue la última clase, entregó calificaciones y se despidió de nosotros.
Me incorporé, la rodearon algunos compañeros inconformes por el resultado final. Hice tiempo guardando mis cosas dentro de la mochila, Vicky me esperaba fuera del salón. Los nervios invadieron mi cuerpo, me traicionaron.
Giré bruscamente y me encontré con sus ojos, grandes con pestañas largas y rizadas, profundos, bellos.
Extendí mi brazo derecho y le mostré El libro rosa. No dije nada, solo le sonreí.
¿Enserio?, ¿Para mí?, ¡Qué bonito detalle!
Olvidé decirle que solo quería prestárselo durante las vacaciones, pero no abrí la boca, seguía sonriendo.
Claro, para usted, dije al fin. Nos estrechamos en un largo y apretado abrazo, mis compañeros seguían en un semicírculo,  fue incómodo. Le besé la mejilla, repitió el gesto. Nos distanciamos con una sonrisa en ambos rostros.
Al salir solté una carcajada cuando vi la cara de Vicky, su expresión era acusadora.
En lo que te metes, me dijo mientras caminamos hacia la parada de taxis. ¿Qué tiene?, ella no lo ha leído, quiero que lo disfrute, me defendí.
Sé perfectamente que mis juegos pueden ser peligrosos. No dudo de la responsabilidad de mi maestra, sé que dentro de la institución sería incapaz de cometer una falta.
Pero me gustan las emociones fuertes, me gusta la idea de que nos gustemos. Su cuerpo ejerce un calor delicioso que recorre mi espalda cuando está cerca de mi. Su voz potente retumba por oídos cuando la pienso. Su cabello rizado y abundante me resulta encantador. Su tez acanelada y perfumada me estremece. Sus labios vírgenes de cualquier maquillaje me están volviendo loca.
Ya la soñé, la acaricié suavemente, me dejé llevar por las sensaciones. Le dejé una nota dentro del libro, espero que cuando lo lea piense en mi. Quiero que nos involucremos, deseo su piel. Probar su boca, deleitarme con sus senos, apretar sus muslos cuando la coloque sobre mi. La idea de ser castigada por tanta fantasía, está provocando que extrañe más que nunca ir a la escuela. Ámeme profe, mámame Pati, muero por gritárselo.

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