Muñeca

Muñeca

Vamos muñeca, no quiero llegar tarde, decía Morgana mientras yo daba los últimos retoques a mi cabello.
-Linda, así estás bien, tu cabello es perfecto.
Me mudé a casa de Morgana por una semana en lo que realizaba mis trámites para la universidad, no es que viviera lejos de la institución, me gustaba pasar tiempo con ella.
Estaba inquieta por el examen de admisión, mis notas no eran muy elevadas a comparación de mis compañeros. Salimos sin desayunar de su departamento, nos enfilamos en un tránsito terrible, no me gusta la ciudad de residencia de mi amiga y de la que sería mi futura universidad. El volumen de la radio era placentero, mi cabello ondeaba en el aire por la ventana abierta, las manos de Morgana en el volante y mis ojos se cubrían entre mis lentes de sol.
-¿Qué quieres desayunar?
-Un sándwich de pollo y un café
A ella le gusta complacer mis caprichos, por más absurdos o normales que sean. Le sonreí cuando accedió a comer sándwich conmigo. Me esperó en el auto mientras resolvía las preguntas del examen. Salí y me envolvió en un cálido abrazo.
-¿Todo bien?
-Sí, obtuve un buen puntaje.
Detesto hablar de “cómo me fue en equis examen”, no me gusta estar nerviosa por eso, así que esa fue su primera y última pregunta.
-Conozco un café cerca de aquí, no he probado el sándwich de pollo, pero el de carne es muy bueno.
-Vamos.
Al llegar ordenó por mí, elegí una mesa en un rincón de la cafetería. La esperé con las piernas cruzadas y mi espalda descansando en el respaldo de la silla.
-Listo, no tarda.
Atenta, educada, inteligente, graciosa, responsable, todos esos adjetivos y cualidades describen muy bien a Morgana. Su cabello es claro, un par de arracadas decoran sus orejas, sus ojos color miel, labios rosados y delgados, una piel hidratada. No utiliza bolsa de mano, su compañera fiel es una vieja mochila, he pensado que eso le da un toque de sencillez.
Terminamos de comer, el semblante de Morgana cambió, estaba triste, en dos semanas se iría a Monterrey, voy a extrañarte mucho, le dije sosteniendo su mano cuando daba el último sorbo al cappuccino que ordenó.
Cuando llegamos al departamento tuve unas ganas inmensas de alentarla, de jugar con ella y reírnos de cualquier cosa, no me gusta verla triste. Pero contrario a mis planes, se echó en el sofá y me miró fijamente.
-También voy a extrañarte
Dos lágrimas recorrieron sus mejillas, me estremecí. Tenía años de no ver el rostro de Morgana húmedo por culpa de lágrimas, corrí hacia ella y recosté su cabeza sobre mis piernas, acaricié su cabello dulcemente y ella sonrió. Lo logré.
Se incorporó y posó sus labios en mi mejilla, muy cerca de los míos. Mi cuerpo estaba inmóvil, mis dedos se detuvieron en su cabello, mi otra mano estaba en su abdomen. Nuestros labios se tocaron, se conocieron por primera vez. Mis ojos estaban abiertos. No creía lo que estaba pasando, es mi amiga y ahora está besándome. No puse resistencia. Me acarició el rostro, fue delicada, se incorporó por completo, mis manos estaban al aire, no la tocaba. Sus muslos descansaban sobre mis piernas, despejó mi cara de todo el cabello que le estorbase mientras seguía besándome. Se despojó de su blusa dejando sus pechos desnudos. Mis manos seguían flotando, las tomó entre las suyas y las puso en su cintura.
Los dedos se deslizaron entre sus areolas, acariciaron los pezones, suaves gemidos salían por la boca húmeda de Morgana cuando mi lengua recorría su cuello. Aún recuerdo la forma en como la recosté, ahora mi cuerpo estaba sobre el suyo. Me quitó los jeans, desnudó mi torso y dejé que amara mis caderas. No podíamos parar, nuestros cuerpos temblaban, cada caricia me emocionaba más que la anterior, sus besos eran pausados, tiernos y luego cambiaban, eran apasionados, voraces.
Muñeca, mi muñequita, susurraba por mis oídos. Mi lengua se detuvo en sus muslos, giré mi cuerpo y la suya entró sin restricciones en mi ano. Uno y luego dos, los dedos de  Morgana entraron en mí, los sentía moverse, como buscando algo que habían perdido. Mi boca abarcó su vulva, la lengua recorría sus labios, chupaba su clítoris. Movía las caderas mientras los dedos seguían dentro, una y otra vez los sacaba y metía, una y otra vez sobaba mi clítoris, estaba por venirme, estaba por estallar. Entre sus caricias, yo aprendía a tocarla. Primero yo y luego ella, así nos corrimos. Dejé de moverme, gateó para quedar del mismo lado, chupó mis dedos y me besó nuevamente.
[…]

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10 pensamientos en “Muñeca

  1. Morgana tiene muy buen gusto. Y tú mira que acabar así… otra amiga de dejarme con las ganas… Ay, señor…

    My dear darling… you’re a bad girl. 😉

    • He de confesarme ladrona del nombre, leí una novela hace tiempo (chilena, buenísima) y me identifiqué con el personaje de “Morgana”, no pude evitar utilizar tan solo su nombre, para enmarcar este texto.
      Saludos, Aquileana, aunque me gustaría saber a qué te refieres con ‘inquietante’ ¿para bien, para mal, para un deleite?
      Abrazo 😀

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