Dormido.

Dormido.

Fui el primero en despertar, pero no hice movimiento alguno. Miraba sus ojos cerrados, las pestañas descansaban, su pecho se hinchaba y se reducía, el cabello alborotado por la almohada y esa forma desordenada en la que duerme. Posicioné mi espalda frente a su rostro, no podía verme. Ahora sentía su respiración a través de mi piel desnuda.
Diablos, la desperté. Se incorporó de la cama, no lo habría notado a no ser por el movimiento de las sábanas, pues tampoco quería despertarme, sus movimientos felinos, cual gato montés ante su presa fueron con sigilo.

Qué envidia, pensé mientras escuchaba cómo el agua de la regadera caía sobre su cuerpo.
Era el agua de la tubería quien la acariciaba ahora, por todas partes, por todos lados. Podía ver la imagen en mi cabeza; ella de espaldas a los mosaicos del baño, lavando los largos cabellos que bajan por los hombros, que cubren sus pechos. Después enjabonando sus piernas, borrando las marcas que le hice horas atrás, deslizando sus dedos entre cada recoveco, por su abdomen, en sus caderas puse mi marca personal, pero no importa, ya se ha borrado entre jabón de esencia frutal y unas manos delicadas que ayudaron limpiarla.
Fin del enjuague, del ciclo, escuchaba que salías del baño por la humedad de tus pies en el suelo, ese ruido como de burbujas tronando, no era fuerte el sonido, pero dentro de nuestro silencio fue notorio. Fingí que seguía durmiendo, que mi cuerpo después de la batalla de anoche tenía que reposar todavía más.

Apenas abrí un ojo, un cuerpo limpio y desnudo estaba frente a mí. Una pequeña toalla blanca hizo el trabajo que le corresponde a mis labios, secó la piel, acarició tu rostro, besó tu busto, pero no le tengo celos, yo lo hice mejor. Miraba entonces cómo de manera delicada se escurrían unas gotas de agua entre tus cabellos llegando a esos pechos que tanto me gustan, los pezones erectos, duros, así como el miembro que llevo entre las piernas.
La sangre se concentró en ese momento en un solo punto de mi cuerpo, en donde le gusta a la hermosa mujer que ahora coloca unas bragas sensuales sobre sus muslos. Con ganas de saltar del colchón e impedir tal acto, quitarlas y volver a lo de anoche, volver a marcar mis caricias sobre la epidermis de tu ser.

Ya sonríes, te has dado cuenta de que ambos estamos despiertos, tú estás limpia yo estoy sonrojado y erecto. Puedo ver con toda claridad ese pequeño balanceo de tus pechos cuando te acercas, te inclinas para besarme, el cabello mojado provoca que mi piel se estremezca. No te quites, quédate así, sobre mi verga.

Tus manos quitaron las sábanas de mi cuerpo, que seguía desnudo al igual que tu espalda, qué bien hueles, olfateo tus hombros, beso de nuevo tu cuello, la barbilla, mis dedos comienzan a humedecerse entre tus cabellos, los tomas y besas lentamente, tu lengua los llama y así, envueltos en tu saliva, los posicionas sobre el triángulo más deseado de tus pantis, los muevo en pequeños círculos, no dices nada, pero tu respiración comprueba que te gusta.

Cariño, me dices al oído, cuando mis labios saborean la erección de tus tetas, tan ricas, tan jóvenes. El decoro entre tus muslos me sabe a gloria, no hay cosa más dulce y salada a la vez que haya degustado con tanto placer. Me tienes entre tus brazos, me tienes dentro. Un gemido se apodera de la habitación, es de ambos, pero estamos tan compenetrados, que parece solo uno. Nuestros movimientos, al igual que los fluidos, son ahora uno también. No puedo más, soy un caballero contigo, pero me provocas tanto que siento una necesidad de saciar por completo éste instinto animal, te pongo a cuatro patas, tengo tus nalgas a mi disposición, no protestas y aunque lo hicieras, no dejaría que te movieras, así, como estás: me pones más duro.
Uno de mis dedos, el más largo, entra por tu rincón más prieto, el más caliente, mis labios están besando tu clítoris y la lengua busca entrar en tu flor. La humedad de tus pétalos rosas hace que mi labor se desarrolle con éxito, lo noto porque mueves tus caderas al mismo ritmo con el que muevo mi lengua. Volverás a bañarte, pero ésta vez conmigo, podré enjabonarte y tú harás lo mismo con mi cuerpo, así  estarán contentos, ambos desnudos, ambos limpios, pero seguirán sedientos uno del otro.

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4 pensamientos en “Dormido.

  1. Ni los jabones fabricados con esencias de oriente pueden eliminar ese rastro de pólvora que todavía permanece en sus pieles. Es necesario tener cuidado y evitar chispas que podrían provocar una explosión de sentidos.

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