Fusión

Fusión

La humedad de nuestros cuerpos se hizo presente. El sudor de tu frente, el ardor en mi espalda y la oscuridad de la noche, fueron en conjunto el preludio de nuestra fusión. Por mi boca resbalaron gemidos, hilillos de saliva, incluso maldiciones. El calor que envolvía la habitación, en parte se debía a esa debilidad que tengo por contarte mis fantasías.
-¿Te gustaría verme con una mujer?
-¿Qué?
Pero ese “qué”, fue una exclamación que me excitó.
Uno “normalmente” hace esa pregunta, no la mujer, al menos, nadie me lo había preguntado antes, dijo sobándome un pecho, sus dedos desaparecieron dentro de mi blusa, las yemas encontraron un pezón. Recorrieron la circunferencia de mi areola, pellizcó la erección del seno, otro jadeo resultó por sus movimientos, y yo pensaba; no me conoces por completo.
Me acerqué para besarlo, sus labios me provocan espasmos, no hace falta siquiera que toque mis labios internos, puede humedecerme de un solo mordisco en mi boca.
-Podría coger con una mujer sin duda alguna, probar los fluidos que emergen entre sus piernas, juntarlos con los míos y besarnos sin prisa. Empapar de saliva sus pechos, y sentir su abdomen a través de los míos en el roce de cuerpos. Puedo imaginar lo empalmado que estarías por verme en “acción”, tus ganas por participar y yo al mando, dejándote en algún sillón solo para que observes.
Le decía todo eso mientras mis manos se dirigían a un camino prohibido, su respiración iba más de prisa. Sus labios buscaban mi rostro, pero yo estaba muy entretenida con la oreja, contándole que me apetecía ver cómo se masturbaba mientras los labios de una fémina escarbaban para que pudiera correrme.
-Puta madre, me tienes caliente, estoy bien duro.
A penas terminó de pronunciar las últimas sílabas, lo monté como un jinete profesional.
Mis ojos chispearon de felicidad, estaba dentro.
-¡Ahhhhhhhhhh!
-¡Muévete!, vamos, estoy por explotar.
Con el movimiento de mis caderas lo sentía cada vez más dentro. Primero una, luego dos nalgadas, por ser una niña mala, decía.
Llovimos a la par, descansamos uno frente al otro y con calendario en mano, agendamos otra cita.

Luego, tomó su celular, dio play a una de sus canciones favoritas, besaba mis pechos y yo escuchaba con atención:
¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío?
A veces me cuesta decir.
Siento tu calor, siento tu frío,
me siento vacío si no estoy dentro de ti.

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