Sí era un ÉL ¿verdad?

La mañana de hoy desperté con el cabello enmarañado…cubría casi por completo mi cara, salvo algunas ranuras que dejaban visibles la habitación. Un lugar distinto al mío, no, definitivamente no era mi cuarto. Traté de visualizar más cosas, así, únicamente paseando mis pupilas. Había ropa cerca de la puerta, los rayos del sol se hacían más notorios ¿domingo, quizá lunes? No lograba recordar ni día, fecha y lo más importante ¿en dónde está él? Sí era un ÉL ¿verdad?

Formular esa pregunta me causó un escalofrío, pero uno placentero. Sí, definitivamente era un ÉL, y su almohada aún guardaba el perfume de sus cabellos, la calidez de su cuerpo, hasta la forma de su cabeza justo en el centro. La tomé entre mis brazos, aparté mi cabello y di un respiro profundo…como si a través de ello pudiera comenzar a recordar. Y así fue.

Recordé sus besos alrededor de mi cuello, sus caricias por debajo de la mesa del bar. Su sonrisa volvió como una fotografía en alta definición a mi mente, sus dientes blancos, labios rosas, y el color de su piel…demonios, cómo no embelesarme en su piel. Tibia, tersa, amable, sedienta ante mis ojos. Él me besó, yo solo cerré mis ojos y dejé que nuestros labios se saludaran, hicieran reverencias. Nos bastó un suspiro para saber que el deseo era completamente mutuo.

Al abrirlos, él estaba ahí, sonriendo, lleno de júbilo “Te besé”, me dijo. Y sonreí apretando los párpados, saboreando con mi lengua su saliva que contorneaba mis labios. Lo deseaba, sin duda alguna, lo deseaba más que nunca.

Los besos siguieron, cada vez más sensuales…yo intentaba tomar su lengua entre los labios y succionar, para que imaginara cómo lo haría con su virilidad. Pero no pude, porque entre más la buscaba él tomaba la mía. La envolvía de saliva, la apretaba suavemente.

Sus manos tocaron mi abdomen, subieron poco a poco y yo solo podía apretar mis piernas. ¿Vamos a mi carro? No tuve que pensar nada. Avanzamos tomados de la mano, sonriéndonos. Éramos cómplices de la noche, la calle olía a sexo ¿qué podíamos esperar de un laberinto entre motel y motel? A lo lejos se escuchaban gemidos, y yo esperaba a que los míos acariciaran sus oídos.

Tócame, apriétame, escúpeme, bésame, lámeme, ábreme, saboréame, muérdeme.

Todo aquello, y más, porque le dije que me ordenara. Mi coquetería se volvió sumisa ante sus encantos. Simplemente no pude evitarlo.

¿Te duele? (gemido) ¿Te gusta? (gemido) Te metí cuatro dedos (gemido).

No podía articular palabra alguna, mi lenguaje era únicamente sexual, y vaya que él conocía este idioma. Supo descifrar cada uno de mis expresiones, de mis exclamaciones.

De camino al departamento sostuve una conversación completamente oral con su verga. Cada vez más dura, cada vez más mía.

Entramos como una pareja de recién casados, él apretando la dureza que había entre sus pantalones y yo arqueando la espalda para sentirlo con fuerza.

Me tomó del cabello furiosamente y no supe cómo, pero quedé de rodillas. Lo anterior provocó un espasmo que hizo que mis piernas temblaran. Mi cara sintió su ropa, la mezclilla que portaba era azul y ya podía reconocer nuestros olores fusionados. Me encantó.

Solo había un condón, pero no hicieron falta más.

La cabeza de su pene acariciaba mi clítoris, su mano abría con más rapidez y violencia mis labios mayores. Mis piernas estaban tan abiertas que mis nalgas podían sentir la frialdad de las sábanas, y la humedad que poco a poco se iba impregnando.

Se apartó de mí para colocarse el látex que iba a separarnos de ser unos padres promiscuos, a pesar de nuestros veintitantos, no era lo que buscábamos. ¿Reproducción?  ¡Claro! Pero la reproducción del placer.

Las yemas de sus dedos sobre mi vulva lograron el orgasmo más duradero que he tenido. Todavía dentro de mí, seguía masajeando mis labios, probándome. Su cara era un poema erótico.

El acto sexual lo tuvimos cara a cara. Pude ver sus facciones a la luz del televisor y olfatear su sexo, aún temblaba. Besé sus brazos, su pecho y sus ojos cerrados. Le pasé los pechos sobre el rostro y no dudó en apretarlos con los labios, los vistió de saliva. Mis genitales le dieron un masaje que provocó una erección. Y va de nuevo.

¿Todo eso a través de respirar fuerte en su almohada? Sí.

-¿Qué quieres comer?

-A ti.

-Ya, en serio ¿qué quieres desayunar?

-¿Domingo o lunes?

-¿Tiene importancia?

-Sí, trabajo los lunes.

-Los lunes se hicieron para que al despertar, recorras tu cuerpo con las manos que, la noche anterior, fueron mías. Es domingo, es nuestro domingo ¿qué quieres desayunar?

-A ti.

Y va de nuevo.

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Carta

Miércoles, 16 de octubre

Y bien, ¿qué somos?

Han pasado alrededor de dos semanas desde que estuvimos “juntos”.  Nos hemos envuelto en intercambios de palabras que no llevan a otro fin más que un saludo cordial. Es evidente que sigue una atracción latente entre ambos, pero nos hacemos los ciegos, sordos y mudos.

 La primera vez que me topé con tus ojos, te odié. Ese día me acerqué a la puerta de la sala de conferencias, quise ver quién era el conferencista y si aún había espacio disponible para mí y mis compañeros. Estabas en la puerta, cual carcelero vigilando reos. De inmediato tapaste el pequeño hueco de la puerta y al mirarnos, tu expresión cambió a un adulto que le quita un dulce a un niño, con toda la intención de hacerlo llorar. Desgraciado, pensé enseguida. Di media vuelta y, con la guardia baja, nos alejamos a esperar otra conferencia, a otro horario, con otro tema, pues tú me impediste el paso.

Oh sorpresa cuando supe que aquel detestable hombre sería ahora mi guía. Resultó que teníamos aspectos en común y el mejor de todos, creo yo, era el hacernos reír. Algunos compañeros lo notaron y me hicieron ver que mis mejillas se sonrojaban al unísono de  tus “bromitas”, pero no hice caso y seguí expresándome cuando pedías opiniones.

Así llevamos nuestra convivencia durante dos semanas, me gustaba compartir el tiempo contigo aunque no fuera de manera directa y creo, pasaba lo mismo de tu parte.

El día de revelaciones, todo me dio un vuelco. No creí que llamara tu atención con la intensidad que me confiaste, mucho menos que yo confesara, me atraías de forma descomunal. ¿Amor?, no. Era, o es, y puedo apostarlo aunque no sea fan de juegos de azar, a que era lujuria, pasión y sensualidad. Sin embargo, tus comentarios no me hacían pensar en otra cosa que; este hombre se ha prendado.

¿Qué otra cosa podría intuir?, tus comentarios y escritos solo trataban del amor, de la soledad que te rodeaba y el absoluto sentimiento de haber encontrado a alguien justo para ti. Mi lógica no alcanzó para darme cuenta de que aquellos escritos, ni tenían mi nombre entre líneas, ni te tocabas pensando en mí si fantaseabas.

Entonces, comencé a desprenderme de aspectos que ya había marcado como gloriosos y familiares. Tu risa fue la primera que salió de mi mundo lleno de encanto. Ahora me resultaba común. Tus ojos verdes, el color aceitunado que me cautivó de noche y me alegraba en fines de semana, ya no lo hacían más. La forma de tus labios dejaron de seducirme, para abrirme paso a un sinfín de preguntas, ¿por qué son tan grandes?, ¿por qué son tan rosados?, ¿por qué no se calla?, parecía una niña de cinco años.

Y como esos, otros aspectos que me entusiasmaban en ti. Alguna vez, dentro de esos días de felicidad, me pregunté cómo sería el día que me dejaras de gustar, la hora en que mi pecho no se acelerara con solo verte y mi cabeza buscara el origen de tu voz para escucharte y verte al instante. Esas preguntas, se han ido al carajo.

No sé qué me molesta más, si verte pasar y saber que me sigues observando o encontrarte entre pasillos con otra chica.

Desconozco si hablaremos de esto algún día pero ahora te digo; que no me eres necesario. Que las rupturas dolorosas las dejé un día entre uno de los cajones de mi habitación, cerré con llave y la perdí. Que si te veo y sonrío es porque no te deseo algún mal. Que deseo seas feliz.

No sé cuándo leas esto, por eso dejé fecha. Ignoro muchos de los detalles que nos llevaron a estar juntos y compartir momentos tan excitantes como prohibidos, ir de la mano y cerciorar que nadie nos veía, era de lo más divertido.

Y te preguntarás, quizás al igual que yo ¿Qué somos?  Bueno, no sé qué somos, pero sé qué fuimos. Fuimos porque creímos que había algo. Fuimos porque nos gustaba pensarnos juntos. Fuimos porque tu piel y la mía se reconocían cuando nos acercábamos y nuestros labios se cubrían del frío. Fuimos un instante y como fue fugaz, no duró. Fuimos una esperanza que mató la soledad de ambos. Pero ya no.

Decidí, no alejarme de ti, porque por ahora es imposible, sino, aceptar. Aceptar que ya no somos. Que eres y soy, de forma individual como ha sido y será siempre. Acepto que todo fue muy rápido y así mismo terminó. Fueron semanas de felicidad que agradezco, días llenos de un placer extraordinario, casi increíble. Y, como dice la canción, así fue.

P.D Si te vi a los ojos y acaricié tu rostro sin decir una sola palabra al entregarte esto, es porque me cagan las despedidas. Me llena de rabia la lloradera y soy más imbécil de lo que creía al no decirte esto de frente. Pero no me juzgue querido, porque ambos; nos encontramos entre letras y así es como decidí terminarlo.

PD 2 ¿Se valen dos PD’S?, bueno, ya lo hice. Hay algo que siempre quise decirte, y que solo podrás saber a través de este medio; me excitan los hombres más altos que yo, con barba, con voz masculina y manos grandes…tú fuiste una excepción a todo ello, pero lo compensabas con tu habilidad de la palabra y esa gran memoria.

 

Sé feliz, que no esperaré a que lo seas toda una vida para que yo comience a hacerlo.

J.

Cita

A pesar de lo que dicte la historia y sin importar hacia dónde apunten nuestras huellas, aunque ya no exista un nosotros, aquí en las letras, en el mundo paralelo de la fantasía seguiremos siendo amantes eternos, contigo o sin ti, conmigo o sin mí.

Renko

El inicio, A y B

Llegas a casa, hay un mensaje en tu contestador, debes devolver la llamada a tu compañero de trabajo. Con lo que te gusta hacer llamadas. Te tomas un tiempo para cambiar tu uniforme, ropa cómoda, te tumbas en el sillón y marcas.

A -si quieres podemos jugar, preguntas y respuestas
¿Cómo llegaste a formular semejante pregunta?, no importa, después de diez minutos al teléfono y una copa de tu vino favorito, el por qué queda de lado.

B- bueno, pregúntame lo que quieras

A-¿cuál fue la última canción que cantaste?

B-mmm

A-esa no me la sé (ambos ríen)

B- no lo sé, creo que no lo recuerdo

A-bueno, te toca preguntar

B-mmmm, ¿lo que quiera?

A-sí, lo que quieras

B-a ver… ¿cuál es tu medida de bra?

A-un delicado 38 B

B-¿B?, ¿Segura?

A-(ríes) sí, ¿por qué?

B-te toca preguntar

A-no lo sé, a ver, detrás de tu pantalón algo flojo, ¿ se esconde un buen trasero?

B-(ríe) lo que ves, es lo que hay, me toca: ¿a qué edad perdiste tu virginidad?

A-19, ¿Y tú?

B-a los 17, o es lo que recuerdo (ríen de nuevo, ¿te venció la soledad y por eso coqueteas con la mujer que menos pensabas?), ¿te gusta hacer sexo oral?

A-todo esto es secreto, ¿cierto?

B-tenlo por seguro

A-entonces respondo con un rotundo: sí, me gusta mucho

B-¿dar o recibir?

A-(te sonrojas antes de contestar, pero no te limitas), las dos (dices después de apretar los ojos)

B- ¿sesenta y nueve?

A- todavía no

B-¿de verdad? (ya no importa quién sigue el orden de las preguntas, el juego ahora es saber más y más)

A-¿última vez que te hicieron un oral?

B-¿?

A-última vez que te dieron sexo oral, que te la mamaron

B- hasta venirme hace unos días… ¿sigo? (asientes con un sonido de afirmación) ¿te la han mamado hasta correrte?

A-sí, mis mejores orgasmos, han sido así

B-¿con penetración?

A-no, solo oral, ¿me toca preguntar?

B-sí (sonrió mostrando los dientes)

A-¿lo has hecho anal?

B-(emitió un sonido, un sonido divertido), sí

A-(ríes, estás acalorada)a mi no me pasa el sexo anal

B-¿cuándo fue la última vez que cogiste?

A-amm, fue hace mucho, deja recuerdo (hace cuatro meses exactamente, justo donde estás recostada, no te gustó, fingiste el orgasmo) cuatro meses.

B-¿qué?  (preguntó con extrañeza, los textiles aprisionan su hombría)

A-Después de besar en los labios, ¿qué besas después?.

B-cuello y pezones, me encanta, ¿has hecho venir a alguien en tu boca?

A-(¿por qué aprietas las piernas?, ¿ya estás caliente?) Sí

B- mmm, ¿te gustó?

A-pues, al principio me excité, después tuve que escupir

B-espera, ¿se vino en tu cara o en tu boca?

A-en mi boca y parte de mi barbilla

B-¿esperaste hasta la última gota? (se recostó, acomodó un cojín bajo su cabeza y posó su mano izquierda sobre su miembro)

A-sí…(tardas en contestar y finalmente lo haces) Fantasía sexual

B- (se ríe, lo notas nervioso, aprietas las piernas con fuerza) Bueno, es que…(titubea)

A-anda, por favor (¿ahora ruegas?)

B-(suspira)… mi fantasía es, quiero que me la mames

A-(sueltas una risa, qué coqueta eres)Me gusta tu fantasía

B-no juegues con eso porque me pones duro

A-déjame jugar con eso a mí…

B-me tienes bien duro

A-(muerdes tus labios, los rozas con la lengua) ¿Enserio?, me dieron ganas de tocarme (perra coqueta)

B-¿sí?

A-demasiado

B-imagino tu pussy recortadita e imagine que te mojas mucho

A-parece que sabes mucho de mí

B-¿te digo algo?

A-adelante (dices con voz delicada, cuando te hubiera gustado gritarlo)

B- si estuvieras aquí, conmigo, te comería, a besos y lengüetazos

A-mmm, qué delicia de imagen

B-¿tengo que decir que me gustas?

A-no, pero es bueno escucharlo

B- ¿y yo a ti? (que pregunta tan más estúpida)

A-mmm, no sé
B- auch, eso dolió

A-(ríes) claro que sí (al fin lo aceptas)

B-tengo otra fantasía, ¿quieres escucharla?

A-dime

B-justo ahora, con los dedos que sostengo  el teléfono, quiero masajear tus labios, pero no los de tu rostro, los otros, los más delicados

A-¿qué más?

¿Hace cuánto?

No sé cuántos más cumplirás (espero que muchos). No sé si volverán, nuestros ojos a reencontrarse. No sé si mis brazos recorran tu cuerpo y los tuyos envuelvan mi torso. Y ahora vendría la parte de: “lo único que sí … Sigue leyendo